“Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos.”- Mateo 13:58

Devocional: Nazaret conocía a Jesús como el hijo del carpintero. Conocían a Su familia, Su historia y las calles por las que había caminado. Sin embargo, su familiaridad se convirtió en ofensa, y su ofensa se endureció hasta convertirse en incredulidad. A poca distancia de allí, las multitudes llevaron ante Jesús a los cojos, ciegos, lisiados y quebrantados, y Él los sanó. El mismo Jesús estaba presente, pero las respuestas fueron completamente diferentes.

Nosotros enfrentamos la misma decisión. Podemos vivir en la tierra del escepticismo, permitiendo que la decepción o la familiaridad nos hagan dudar de lo que Dios puede hacer, o podemos vivir en la tierra de la fe. La fe no niega que el dolor sea real. La fe declara que Jesús es mayor que aquello que está quebrantado. Él todavía salva, sana, libera, restaura y abre camino.

No permitas que la decepción de ayer defina la expectativa de hoy. No te familiarices tanto con el lenguaje de la iglesia que dejes de esperar el poder de Dios. Acércate a Jesús con un corazón dispuesto a recibir. Llévale el lugar que duele, la relación que necesita restauración, la necesidad que parece imposible y la persona que necesita libertad. La pregunta no es si Jesús puede hacerlo. La pregunta es si honraremos Su Palabra y creeremos. Escoge hoy vivir donde la fe recibe Su presencia y espera Su poder.

Oración: Señor Jesús, perdóname por cada área en la que la familiaridad, la ofensa o la decepción han debilitado mi expectativa. Creo que Tú sigues siendo mi Salvador, Sanador y Restaurador. Haz que mi corazón esté abierto y preparado para recibir todo lo que promete Tu Palabra. Amén.

Desafío Práctico: Identifica un área en la que la decepción haya producido incredulidad. Escribe una promesa de la Palabra de Dios para esa situación y declárala en voz alta tres veces durante el día de hoy.