"Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición... para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles." — Gálatas 3:13-14

Devocional: El pacto del Antiguo Testamento apuntaba hacia algo mayor. Cada sacrificio, cada promesa y cada manifestación de la fidelidad de Dios señalaban finalmente a Jesucristo.

Cuando Dios estableció Su pacto con Abraham, asumió la responsabilidad de cumplirlo. Generaciones después, Jesús se convirtió en el cumplimiento supremo de ese pacto. A través de Su muerte y resurrección, abrió la puerta para que todo creyente pudiera entrar en la familia de Dios.

Las bendiciones prometidas a Abraham ahora están disponibles por medio de la fe en Cristo. Ya no estamos separados de Dios. Hemos sido redimidos, perdonados, adoptados y capacitados por el Espíritu Santo.

El pacto que tenemos en Cristo no está basado en el esfuerzo humano. Está basado en Su obra terminada. Jesús pagó el precio que nosotros jamás podríamos pagar. Él llevó la maldición para que nosotros pudiéramos recibir la bendición. Derramó Su sangre para que pudiéramos experimentar reconciliación con Dios.

Ahora el Espíritu Santo vive dentro de cada creyente como la garantía de las promesas del pacto de Dios. Su presencia nos recuerda que Dios no se ha olvidado de nosotros y jamás lo hará.

Gracias a Jesús, no estás tratando de ganar el favor de Dios. Ya tienes acceso a Su gracia. No estás esforzándote para ser aceptado. Eres aceptado en Cristo.

Este pacto no se gana. Se recibe por fe.

Oración: Jesús, gracias por asegurar un mejor pacto por medio de Tu sacrificio. Gracias por redimirme y hacerme parte de la familia de Dios. Ayúdame a vivir con confianza en todo lo que Tú has provisto para mí. En Tu nombre, amén.

Desafío Práctico: Dedica tiempo hoy para leer Gálatas 3:13-14 lentamente. Agradece a Jesús por cada bendición que Su sacrificio ha puesto a tu disposición.