Renovados Por La Palabra
Escritura: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento.” — Romanos 12:2
La salvación te da un corazón nuevo, pero tu mente debe ser renovada continuamente. Los antiguos patrones de pensamiento no desaparecen automáticamente. Los pensamientos formados por el rechazo, el fracaso, el temor o las experiencias dolorosas pueden intentar regresar. Por eso la transformación requiere que diariamente permitas que la Palabra de Dios lave y renueve tu mente.
Tu mente recibe pensamientos, tu voluntad escoge cuáles aceptar y tus emociones frecuentemente responden a lo que has creído. Cuando tus pensamientos están llenos de derrota, tus emociones pueden sentirse abrumadas. Pero cuando tus pensamientos están afirmados en las Escrituras, la fe, la paz y la confianza en Dios comienzan a levantarse dentro de ti.
Dios no quiere simplemente adormecer temporalmente tu dolor. Él desea sanarte completamente y quitar de tu vida todo punto de apoyo del enemigo. Su Palabra llega debajo de la superficie y revela los pensamientos y las intenciones del corazón. Expone cada mentira y la reemplaza con la verdad.
Cuando el enemigo diga: “Estás solo”, la Palabra declara que Dios nunca te dejará ni te desamparará. Cuando el enemigo diga: “Nunca lo lograrás”, la Palabra dice que todo lo puedes en Cristo. Cuando el temor diga que no habrá provisión, la Palabra declara que Dios suplirá todo lo que te falta.
Una mente renovada no se produce escuchando ocasionalmente un sermón. Surge al leer, escuchar, estudiar y creer continuamente la Palabra. Cuanta más Escritura guardes en tu corazón, más preparado estarás cuando el enemigo ataque. Si guardas la Palabra en tu corazón, la Palabra te guardará a ti.
Oración: Padre, renueva mi mente por medio de Tu Palabra. Expón cada mentira que he creído y reemplázala con Tu verdad. Dame hambre por leer, estudiar y meditar en las Escrituras. Que Tu Palabra se convierta en el fundamento sobre el cual pienso, escojo y vivo. En el nombre de Jesús, amén.