Recuerda Quién Es Tu Fuente

Escritura: “Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas.”— Deuteronomio 8:18 

Dios desea llevar a Su pueblo a un lugar de abundancia del Reino, no simplemente para que pueda poseer más, sino para que pueda convertirse en una bendición. La prosperidad del Reino toca cada área de la vida: espiritual, física, mental, relacional y financiera. Nos da la capacidad de servir, dar, ayudar a otros y avanzar los propósitos de Dios.

Sin embargo, la abundancia incluye una advertencia: nunca olvides quién es tu Fuente. Israel recibió la advertencia de no entrar a la Tierra Prometida y decir: “Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza”. La sabiduría, la fuerza, las oportunidades, las relaciones y las puertas abiertas que producen el éxito provienen finalmente de Dios.

El desierto nos enseña a depender de Él cuando tenemos poco. La promesa prueba si continuaremos honrándolo cuando tengamos mucho. Si no podemos poner a Dios primero en el desierto, la abundancia no nos hará fieles repentinamente.

Vivir en el Reino es llevar una vida de memoria y gratitud. Es reconocer que todo lo bueno viene del Padre. En lugar de quejarnos por lo que hace falta, le damos gracias por lo que ha provisto. En lugar de permitir que el aumento aleje nuestro corazón de Él, lo utilizamos para glorificarlo y bendecir a otros.

Nunca permitas que la bendición reemplace a Aquel que te bendijo. Mantén Su presencia en primer lugar, Su Palabra abierta y Su Reino en el centro de cada decisión.

Oración: Padre, te reconozco como mi Fuente. Gracias por cada provisión, oportunidad y capacidad que me has dado. Mantén mi corazón humilde, agradecido y generoso. Que cada bendición traiga gloria a Tu nombre. Amén.

Desafío Práctico: Haz una lista de cinco maneras en las que Dios ha provisto para ti. Después, utiliza intencionalmente uno de tus recursos —tu tiempo, finanzas, influencia o capacidad— para bendecir a alguien más.